Reseña: TRUST /// Joyland

March 14, 2014

TRUSTJoylandTRUST
Joyland
8.1
Arts & Crafts México

Un buen álbum depende de muchos factores. El papel que juega la música en ellos es indudable y quizá sea la médula de cualquier obra de este tipo, sin embargo, un factor que podría pasar desapercibido en muchos de los casos, es el orden de las canciones, tan insignificante y tan poderoso a la vez que podría hacer que el recorrido de un álbum fluya con ligereza o al contrario, sea un camino empedrado.

Y es que aquellas producciones en las que el orden de las canciones favorece al álbum, se sienten tan naturales que es difícil saber que ese factor se encuentra ahí. En Joyland, Robert Alfons, el hombre que queda detrás de TRUST, logró este tipo de sinergía: un puñado de buenas canciones en el orden perfecto.

A diferencia de TRST, donde conocimos a un Alfons ansioso por ser escuchado que al mismo tiempo se sentía tímido en sus composiciones, Joyland se muestra más seguro, más extrovertido y menos vanidoso. “Slightly Floating” nos introduce al disco con la delicadeza con la que un niño mete los pies al mar la primera vez que se enfrenta a él. La monótona voz de Alfons parece llegar de otra fuente que no son las bocinas, ni los audífonos. La producción en las vocales es más rica que en su álbum debut; sin que Alfons se esfuerce en alcanzar tonos más altos que de costumbre, logra hacer notar una mejoría en su voz.

Geryon” aparece después, con cierto tono paranoico y justificando que la música de TRUST quepa en la categoría de “Coldwave” o el renacimiento del “Goth” que se viene tambaleando desde hace varios años. “Capitol“, “Joyland” y el segundo sencillo “Are We Arc?” van cayendo con delicadeza y naturalidad, haciendo las pausas entre canción y canción imperceptibles y dándole forma a un disco difícil de clasificar.

Las comparaciones aquí sirven más para dar una idea del sonido del disco que para identificar influencias o sounds-a-like. Los también oriundos de Canadá, Crystal Castles, vienen a la mente en seguida, solo que Alfons tiene un toque más fino y elegante para la electrónica. “Light Asylum” es otro punto de referencia básico, pero si la “oscuridad” de la música se manejara como el volumen, Joyland estaría tres o cuatro rayitas abajo. Si alguno de ustedes recuerda aquella canción de inicios del milenio llamada “L’Amour Toujours” de Gigi D’Agostino, también encontrará familiares las distorsiones y pitches en las voces de Joyland.

Las siguientes canciones forman el bloque del clímax. “Icabod” es fría y artificial pero quizá es la canción más emocional de todo el disco, “Four Gut” haría un gran sencillo con sus synths hipnotizantes hechos para encender la euforia del público en vivo. “Rescue, Mister” oprime el pecho con su bassline pesado y “Lost Souls/Eelings” muestra cierta inocencia infantil que no habíamos escuchado antes en la música de TRUST y una notoria nostalgia noventera. “Peer Pressure” sin problemas podría unirse a las filas del High Energy para formar parte del playlist del Patrick Miller.

Para resumir, Joyland es de esos discos que lo tienen todo, lo oscuro del Darkwave, lo alegre del Synthpop, la firma de Alfons en cada canción, melodías pegajosas y canciones inolvidables, sin embargo, hay que hacer una advertencia: aún cuando el título del disco podría tener un toque más optimista, el sentimiento general del álbum es extraño, no es un disco que cause alegría, este álbum se trata de la suciedad en la música, como una escalera oxidada, el álbum deja un residuo al final que nos hace sentir igual de sucios y sin embargo con ganas de repetir la experiencia.


Post escrito por: Marco Avre

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