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25 años de Diamonds And Pearls de Prince & The New Power Generation
Por Ernesto Acosta Sandoval @erniesandoval_
A principios de los noventa, Prince ya no estaba en la cima del mundo, pero tampoco estaba derrotado. La década anterior había sido su década. Prince personificaba los excesos de los años previos, en todos los sentidos. Musicalmente no había nada que no pudiera hacer y si no sabía cómo hacerlo lo inventaba. Había sido el primer ser humano en lograr que un disco, un sencillo y una película suyos ocuparan el primer puesto de popularidad. Purple Rain, 1999 y Sign O’ The Times son proezas artísticas indiscutibles y las muestras perfectas de que los talentos del cantante eran de otro mundo. Hasta cuando erraba la puntería lo hacía con estilo, como le había pasado con su debut como director cinematográfico Under The Cherry Moon (no así con su soundtrack, el fantástico Parade) y el soundtrack del Batman de Tim Burton.
Diamonds And Pearls es el epílogo para el momento de gloria que estaba viviendo. Reunió a una banda para delegar responsabilidades, la bautizó como The New Power Generation, rapeó, funkeó como en sus mejores momentos, tocó la guitarra como sólo él podía e invitó a todos a fiestear hasta el amanecer otra vez como si fuera 1999. Diamonds And Pearls significó también el punto final a la etapa más fructífera de Prince y parece que lo hizo a propósito. Como que aquí puso todo lo que sabía y había aprendido con los años. Este es el final del camino antes de tomar la desviación que fueron sus años noventa. Entonces vendrían los escándalos legales, el ninguneo de sus otrora fans, discos mastodónticos que no parecen llevar a ningún lado ni proponer nada y que parecen sólo colecciones de canciones que no habrían cabido en ningún otro disco, y, por supuesto, el cambio de nombre. Pasaría mucho tiempo para que el de Minnesota se volviera a anotar un triunfo como éste. Aquí todavía está el Prince sucio y grosero en canciones como “Cream” o “Gett Off”, el Prince que alcanza niveles épicos como en “Thunder” o la canción que le da título al disco, el Prince que no teme experimentar como en “Jughead”, y sobre todo, el Prince elegante de “Strollin’”, “Willing & Able” y “Money Don’t Matter 2 Night”.
Hasta cierto punto, y por momentos, Diamonds And Pearls es un poco como el after de esa fiesta interminable que fueron los años ochenta para el cantante. Es el encore de un concierto larguísimo en el que le mostró a la audiencia que todavía tenía varios trucos bajo la manga como el mago musical que siempre fue.
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